lunes, 24 de agosto de 2009

Kyoto - 13 de agosto (encuentro con Satoko)

Quedamos a las 9 de la mañana con Satoko, una guía voluntaria que en principio nos iba a enseñar Kyoto de 9 a 12. Al final estuvimos con ella desde las 9 hasta las 7 de la tarde y al día siguiente de 9 a 5. Fue genial, ya que nos permitió ver la ciudad de una forma diferente, explicándonos datos y curiosidades de los sitios a los que íbamos, y sobre todo aprendiendo muchas cosas interesantes de la cultura nipona. La pobre sufrió un interrogatorio sobre todo tipo de cuestiones relacionadas con la cultura nipona: hábitos, religión, los Yakuza (la mafia japonesa), etc…


For Satoko: Konnichi wa Satoko!! Do you remember “fresquito”, “paella” and “sangría”? We still remember Sakura, Sikata, pinetree, hawk, just in case… :-) We are grateful for the days we were together and taught us Kyoto. It was the best way to discover the city and Japanese culture. Now we hope that you visit Barcelona to show you the city. Thank you very much!! See you!

Primero nos dirigimos a la zona de Arashiyama. El primer templo que vimos fue el de Tenryuji, con unos jardines preciosos de piedras (resulta que son símbolo de poder).


Después paseamos por un bosque de bambú antes de coger el bus para llegar al templo de Kinkakuji. El pabellón es un edificio de tres plantas, las dos superiores recubiertas de oro puro. Desgraciadamente sólo se puede disfrutar desde el exterior.


Por la tarde fuimos a la zona de Higashiyama, zona muy tranquila donde podemos encontrar un buen número de templos y jardines; nosotros visitamos sólo uno de ellos (Kodaiji). Para acabar la jornada fuimos a una de las teterías más afamadas de Kyoto, Café Komori, donde disfrutamos de un helado de té verde realmente exquisito y reponedor

Kyoto y Himeji - 11 y 12 de agosto

Pues efectivamente, pasó lo que intentábamos evitar. El tren que nos llevaría de Nagoya a Kyoto había sido cancelado a causa del terremoto. En estos momentos toda la planificación se fue al traste; y entiende tú qué es lo que dicen por megafonía. En los paneles sólo aparecían “Cancelled” o “Delayed”. Con el primer chico de la estación que hablamos sólo entendimos “terremoto”, y fue con lenguaje corporal. Ya os imaginaréis lo divertido de la situación, al pobre hombre que no sabía decir ni “yes” convulsionando el cuerpo como si estuviera poseído para hacernos entender que la culpa era del seísmo. Pero como hay tantos trenes y con el Japan Rail Pass puedes subir en casi cualquiera, a los 10 minutos ya estaba resuelto y de camino a Kyoto.

Al salir de la estación seguimos las indicaciones del GPS que nos lleva a una calle con varios ryokanes, donde vemos uno con una entrada preciosa en la que había un jardín japonés con unas fuentes y unas carpas enormes blancas y naranjas. Pero que sortudos que somos, es el nuestro!! También hay que decir que después comprobaríamos que los baños eran pequeños si coincidías con otro huésped, pero hay tan pocas habitaciones que eso nunca pasó en los cuatro días.


Para aprovechar lo que queda del día damos un pequeño paseo por la ciudad. Lo más espectacular que vimos fue la torre de Kyoto, delante de la estación.


Al día siguiente tras desayunar unos sándwiches aderezados con wasabi, improvisamos un poco y decidimos ir a Himeji. Allí se encuentra el castillo de Himeji, considerado Patrimonio de la Humanidad. Sólo hay que seguir las indicaciones de la estación y en 15 minutos andando estamos allí. Es un lugar precioso, de los que sabes que has invertido correctamente el dinero de la entrada. Tras el paseo por los jardines y las dependencias anexas se puede visitar la Torre Principal y subir hasta el sexto piso, donde además nos regalan unas magníficas vistas de la ciudad. Comemos algo ligero y volvemos para Kyoto.



Esta tarde fue ‘light’: visitamos la estación que es realmente bonita y moderna. En el noveno piso hay una oficina de información turística para el extranjero con un servicio impresionante (la del segundo piso sólo es para turismo nacional). Tras cargarnos con los mapas pertinentes hacemos una incursión a las dos zonas más populares de la ciudad, el barrio de Gion (ese día sólo la parte antigua) y Pontocho, zona de restaurantes a la orilla del río. Es un callejón parecido al de Yococho Ramen de Sapporo, pero mucho más largo, de uno 400 metros, y con restaurantes de mayor categoría. Por enésima vez volvemos a tener suerte. Mientras paseamos por Gion, que es donde raramente pueden encontrarse Geishas i Maikos (aprendices de Geisa), nos parece ver algo de colores en movimiento a unos 200 metros. Emprendemos la carrera al puro estilo paparazzi y cuando llegamos vemos que unas chicas japonesas habían contratado una sesión fotográfica con una Geisha y, cómo no, nos unimos al evento. A título de curiosidad, nuestra guía en Kyoto, de la que hablaremos en la próxima entrada, llamó a una casa de Gheisas para preguntar cuánto nos costaría estar un rato con una Maiko. Nos consiguió un precio especial por ser jueves: tener una mesa privada para dos personas, sin comida, y disfrutar durante una hora de su conversación y bailes nos costaría 34.000 yenes (unos 270 €), aunque el precio habitual es de 50.000. Decidimos que los invertiríamos en algo diferente…



miércoles, 19 de agosto de 2009

Takayama - 10 y 11 de agosto

Llegamos a Takayama. Esto cada vez se aleja más de la civilización. La estación es la típica parada con un tejadillo y una pequeña sala de espera. Sin embargo, justo delante de la estación hay un chiringuito hecho de madera que es la oficina de turismo, y es el único lugar hasta el momento donde hemos encontrado algo en castellano.



Nos encaminamos hacia nuestro alojamiento, el J-Hoppers. Un lugar para mochileros con habitaciones compartidas (aunque nosotros hemos pedido una para dos personas). La entrada está abarrotada y empieza a darnos mala espina. Sin embargo, el trato recibido es genial, además de tener un perfecto inglés. La segunda y más grata sorpresa es al entrar en nuestra habitación: es bonita, de estilo japonés y muy amplia. Eso sí, estás en un albergue, por lo que en recepción te dan las sábanas y empieza la difícil tarea de hacer una cama sin patas. Cómo lo haces sin ponerte encima de la propia cama? Por los 6000 yenes que hemos pagado, puede decirse sin duda que es una gran inversión.



Ya instalados, empezamos la ruta. Lo primero que vimos fue el templo Kokubunji-dori. Tiene un aspecto más antiguo y en el exterior le rodea un cementerio. De aquí una de las imágenes curiosas de Japón: las tumbas tienen ‘ofrendas’ de sus familiares, que algo deberán significar, no? Pues bien, a ver quién hace la interpretación correcta de esta foto:


De ahí nos dirigimos al barrio de las casas antiguas (Old Private Houses). En una línea similar al de las Geishas y al de los Samurais en Takayama, con la diferencia que aquí las casas son todas pequeños comercios donde se ofrecen comestibles, souvenirs y el típico sake local. Al contrario que en otros logares, esta calle sí estaba colapsada de turismo.


Seguimos caminando bordeando el río hasta llegar al santuario Sakurayama Hachimangu. Como ya es enésimo templo, nos conformamos con una visita fugaz al exterior. Destacar la fuente donde se lavan manos y boca para purificarse, con la escultura de un dragón saliendo del agua, y las pinturas que pueden verse en el techo de una de las salas.


Ahora el objetivo es encontrar un sitio agradable para cenar. Finalmente seleccionamos un restaurante donde se sirve la afamada carne de Hida. Al entrar vemos que es un restaurante de esos con las mesas a ras de suelo… Las rodillas ya nos empiezan a temblar! Pero nos fijamos y vemos que el problema está resuelto: debajo de las mesas hay unos fosos para sentarse “a lo occidental”. De nuevo me toca pagar para hacerme yo la comida; en la mesa ponen un fogón encima del cual colocan una rejilla, papel de aluminio, una hoja de árbol seca y encima los ingredientes: carne, setas delgadísimas, alguna cosa más irreconocible y una salsa a base de tomate. Estaba exquisito. Ana prefirió una ensalada de frutos del mar, que también le pareció muy buena.


A la mañana siguiente madrugamos para ver el afamado mercado matutino del lugar (Miyagawa). Ah! Se nos olvidaba. Esa noche tuvimos sorpresa!! Para que el tour fuese auténtico, os imagináis qué es lo que pasó? Que nos despertó el movimiento de la cama. No se trataba de un vecino en pleno ritual de apareamiento, sino de un terremoto. Como entenderéis, si estamos escribiendo esto es que no nos pasó nada. Yo le calculo un 3 en la escala del Richal ese. Últimas noticias (esto lo escribimos en el tren): pues acabamos de oír que debido al terremoto algunos de los trenes bala han sido cancelados. Esperamos tener suerte con el nuestro.

Pues como decíamos, fuimos al mercadillo, y nos encontramos un mercadillo. Para mí que la Lonely la hace alguien que le encantan los mercadillos!! Los vistos hasta ahora estaban muy bien, pero éste… Bueno, aprovechamos para comer unos dulces que nos ofreció un simpático señor hechos de almendra y miel. Cuando ya nos alejábamos me di cuenta de que el señor nos había estado hablando en inglés, al oír una especie de ‘tinkiu’. Éste habla peor que yo!

Para acabar con Takayama hacemos una ruta caminando que proponen en el mapa de la ciudad y que recorre varios templos. No estuvo mal, y como siempre, algo nuevo ves que te sorprende de esta cultura.

Dicho esto sobre la ciudad, para mí lo más bonito quizás haya sido las vistas que hemos podido disfrutar en el trayecto. El tren nos transporta entre las montañas acompañando al río, con algunos pueblecitos de casas bien conservadas, huertos, plantaciones de arroz, pequeñas cascadas, etc…

Ahora estamos en el tren que nos lleva a Nagoya y de allí, si el terremoto no nos la ha jugado, llegaremos a Kyoto.

Hasta la próxima!

martes, 18 de agosto de 2009

Kanazawa - 9 de agosto

Sigue lloviendo. La previsión para hoy es empezar viendo el jardín de Kenroku-en, que dicen que es uno de los tres más bonitos de Japón. No sabemos cómo serán los otros, pero éste es precioso, cuidado y mimado hasta los detalles más insignificantes. Plantas, flores, piedras, lagos, riachuelos… todo dispuesto con precisión japonesa. Eso sí, aquí no estábamos solos, mucho turismo, casi todo oriental.


Tras la visita al jardín nos disponemos a buscar el castillo. Una vez en los jardines que lo rodean volvemos a encontrarnos con un gran número de grupos vestidos de la misma forma que están esperando para hacer su representación. Si ven que les haces una foto, sonríen a la cámara y hacen esa V con los dedos que tanto les gusta mostrar en las fotos.


Los jardines del castillo son también muy bonitos. Decidimos no entrar dentro por recomendación de la guía y por sobrecarga de visitas.


Si ayer visitamos el barrio de las Geishas, el siguiente punto a localizar hoy es el otro barrio famoso de Kanazawa: el de los Samurais. Durante el camino volvemos a ver a los grupos exhibiéndose por la calle.



Justo antes de llegar paramos en un bar donde comemos algo de las fotos de la puerta. Mi plato resultó ser Soba, otro tipo de fideos en el típico bol con sopa y verdura. El de Ana, pues sencillamente impronunciable. Como en los bares sencillos no hay postres ni café, buscamos algún sitio donde comprar algo dulce. Cogemos lo que mejor pinta tiene y… vuelven a ser judías!! Menos mal que nos gustan. Enseguida topamos con el barrio Samurai: casas antiguas con esos tejados negros que hemos visto en tantas películas orientales, calles estrechas, algunos jardines en las entradas... Igual de bonito que el de las Geishas, aunque a este le ha faltado la iluminación nocturna que nos encontramos ayer y a unos cuantos japoneses disfrazados de samurái :-)



Después nos vamos hacia el hotel y nos pegamos la primera siesta desde el día 1 (3 horas y media se considera siesta??) Realmente lo necesitábamos.

Para cenar decidimos ir a un ‘restaurante bien’, para estar mejor… pues fue lo peor. Bueno, estoy exagerando. La comida correcta, el problema fue la comunicación. No tenían ni papa de inglés. Después de intentarlo con la camarera asignada, la chica decidió llamar al Sheakespeare del restaurant. Pobrecico el marrón que le cayó… seguro que presumía delante de sus amigos que sabía inglés. Lo único que le entendimos fue ‘alcohol’ y ‘finish’. Resultado? Que para beber nos pusieron licor de ciruelas y que nos quedamos sin postre por no pedirlo al principio y ya habían cerrado la cocina (por ahí iría el ‘finish’ de nuestro amigo Sheakespeare).

Bueno, y hasta aquí lo que hemos hecho. Ahora estamos en el tren de camino a Takayama. En cuanto tengamos tiempo lo publicamos.

Hasta pronto!!!

sábado, 15 de agosto de 2009

Kanazawa - 8 de agosto

Llegamos a Kanazawa y nos dirigimos al hotel Kanazawa Central Hotel. Esto es lo que yo imaginaba como un bussines hotel, todo muy pequeño: la habitación pequeña, la cama de 1.10 m y las zapatillas del número 35. La parte buena es que resultó realmente económico (5300 Yenes) y está al lado de la estación.

Esa misma tarde empezamos la ruta. Lo primero que vemos es que están de fiesta. Nos paramos en una calle donde había unos cuantos chiringuitos de comida y bebida y donde diferentes grupos realizaban espectáculos de baile. Estaba entre una fiesta final de curso y la más pura expresión folclórica de Kanazawa.



Después de ver algunos bailes nos dirigimos al distrito de las Geishas. Otro golpe más de suerte!! Suponemos que por la misma razón que la calle que vimos anteriormente, el barrio estaba engalanado con farolillos tanto en la entrada como situados en el suelo iluminando las calles. Ayudaba a transportarte aún más la música tradicional que sonaba y un gran número de mujeres vestidas con el kimono tradicional.



El barrio es precioso, y con la puesta en escena que nos encontramos aún más. Parecía que hubiésemos dado un salto atrás en el tiempo. Después de unos minutos aquellas mujeres ataviadas con kimonos empezaron a realizar un baile alrededor de los farolillos; imaginamos que se trataba de las danzas que realizan las geishas. Aprovechamos hasta el último momento, y cuando empezaron a quitar la iluminación nos fuimos al hotel.


jueves, 13 de agosto de 2009

Nikko - 7 de agosto

Llegamos a Nikko, población situada a las puertas de un parque nacional de Chichibu-Tama. En el tren ya comprobamos que aquí el número de turistas será importante. Tras bajar de la estación empezamos a seguir la ruta marcada por el GPS y nos adentra en medio de la selva. Sí, sí, la selva! Cuando empezamos a tener dudas de si el camino es el correcto vemos un cartel del ryokan.


Desde luego que el último tramo se convirtió en un test de resistencia para las maletas: una pista forestal llena de charcos. Desde luego que la ubicación es genial: vegetación, un río de aguas cristalinas y, al final de unas escaleras entre medio de los árboles, el Logette Sanbois.



Es un alojamiento regentado por un matrimonio de unos 60 años, amables como siempre, y con el inglés más ‘entendible’ que hemos encontrado (igual de malo que el nuestro, pero hablábamos el mismo dialecto).


Dejamos las maletas y nos dirigimos a la zona de templos. Aquí es recomendable comprar una entrada combinada de 1000 Yenes que te permite visitarlo casi todo. Éstos son los templos que esperábamos ver en Japón! Realmente impresionantes. El primero de los templos es el Rinno-Ji. Aquí nos encontramos con tres imágenes impresionantes de 8 metros de altura lacadas en oro: la Diosa de los 1000 brazos, la Diosa de la Piedad y la Compasión y la Diosa del Reino Animal. Otro templo es el Tosho-Gu, con una pagoda de 5 pisos y la famosa imagen de los 3 monos: el que no ve, el que no habla y el que no escucha.


El tercero se llama Futarasan-Jinja, similar al templo de Tosho-Gu pero a escala reducida. El cuarto y último se llama Taiyuin-Byo, que está en medio de un bosquecito de cedros japoneses. El gran inconveniente es que fue un día lluvioso lo que desluce un poco las vistas. Ah! IMPRESCINDIBLE ir con calcetines, ya que hay que descalzarse para entrar en algunos de los templos.


Por desgracia, no se permitía el uso de cámaras en su interior, así que ya tenéis otra excusa más para venir a Japón.


La nota graciosa de la jornada: igual que a nosotros nos hacen gracias 'sus cosas', a ellos las nuestras también. Esta madre le pidió a Ana si podía hacerse una foto con su hija. Pensaría que se trataba de un personaje manga, con esos ojos redondos... ;-)


De vuelta al ryokan la propietaria nos propuso utilizar el baño, ya que aún no habían llegado el resto de huéspedes. Nos pusimos el Yukata y al entrar… que bonito!! Todo de piedra y madera y lo más impresionante, la pared exterior era de cristal, por lo que se veía toda la vegetación que llegaba hasta allí mismo. A nuestro gusto, quizás no era tan bonito como el onsen de Sapporo, pero con más encanto. Un gran premio para todo un día caminando bajo la lluvia.


Ya relajados decidimos cenar allí. El precio por persona era de 2800 Yenes, pero la comida estuvo genial: de primero carnes y verduras crudas que debían cocinarse en unas brasas que cada mesa tenía encima de la mesa. Después Yuba, una especie de tofu pero servido como en láminas enrolladas (igual que el tofu, no sabe a nada). De echo unos días después nos enteramos que es la piel del tofu.vDespués vino la Iwana. No os asustéis, no es lagarto, es trucha cocinada con su propia piel. El reto fue comérsela con palillos (la señora nos enseñó), el premio su sabor: exquisito! Para acabar una sopita de esas japonesas con cosas flotando. Además los platos estuvieron acompañados de ensalada y arroz, como no. El postre era helado de vainilla con judías y pimienta blanca. Los japoneses hacen muchos dulces con unas judías rojas, y aunque suene extraño, están buenísimos.



Al día siguiente queríamos coger un taxi para la estación, que aunque cerca, con las maletas era pesado. No hizo falta, el propietario nos llevó a la estación en su coche.

martes, 11 de agosto de 2009

Sendai - 6 de agosto

Tras un viaje en tren que podemos considerar hasta el momento lo peor que nos ha pasado, básicamente porque esperábamos dormir y la incomodidad de los asientos, el ruido y las luces no nos lo permitieron, llegamos a Sendai. Sendai está de fiesta: el Tanabata Matsuri o Fiesta de las Estrellas. En la estación grupos de escolares promocionaban el evento.

Las calles se engalanan con larguísimos troncos de bambú de los que cuelgan adornos multicolores, todos diferentes. Sin haberlos contado, esta fiesta atrae a unos dos millones de personas. El centro de la ciudad estaba rebosante de actividad. La zona donde se concentran los comercios y de donde son las imágenes se denomina Jozenzi-dori.






Los siguientes vídeos son algunas muestras de la tecnología audiovisual de Japón que pudimos encontrar en esta feria. En el primero se ve hacia donde está evolucionando el mundo de las 3D. En el segundo vemos las nuevas TV con un refresco de 1000 Hz (para que no presumáis tanto aquellos que tenéis una de LED’s a 100 Hz :P )





Tras dedicarle la mañana a pasear entre la gente, comer softcream de té y una especie de Frankfurt hecho con bacalao (los 150 Yenes más aprovechados hasta el momento), nos dirigimos hacia el Mausoleo de Date Masamune (Zulho-den), que está en la cima de una colina tras la zona universitaria.



Allí también se encuentran los mausoleos de su segundo y tercer sucesor. Una visita interesante con unas construcciones ornamentadas y muy coloristas.


Desde lo alto de la ciudad volvemos a Sendai Station para coger un tren y dirigirnos a la cercana bahía de Matsushima, población costera con algunos templos budistas y alguna cosa más, entre ellas la gastronomía. Lo primero que hacemos es buscar un lugar donde reponer fuerzas; cómo no, elegimos el más pequeño y familiar que encontramos. Tras asomar la cabeza entre las cortinas vemos una estancia donde sólo hay una mesa estilo occidental para cuatro personas, otra de estilo oriental, con unas brasas en medio y un tatami donde, cuando entramos, comían las responsables del lugar. Es muy tarde (sobre las 15:30), y pensamos que es posible que tengan la cocina cerrada, y más cuando ya están comiendo… pero se nos olvidaba que estamos en Japón. No hace falta que explique el resto, verdad? Echamos un vistazo al menú:


Como no entendemos nada, intentamos establecer una conversación con poco futuro. Ni siquiera nos entendíamos por signos: “tú, tú, elige tú, tráenos lo que quieras…”. Ya haremos un monográfico sobre el lenguaje textual imprescindible para sobrevivir, ya que los gestos tampoco son los mismos. En fin, que al final marcamos dos platos de unas fotos que tenían en la terraza y que no teníamos ni idea de lo que eran, ya que posiblemente la directora, metre, camarera y responsable de imagen y fotógrafa del restaurante fuera aquella señora que nos estaba atendiendo.



De nuevo volvemos a tener suerte. A Ana le traen Sashimi (pescado crudo) con arroz, huevos de salmón, soja verde y jengibre y a mí una tempura de pescado (¿?¿¿?) con verdura; ambos platos vienen acompañados de una sopita rica, rica.


El precio total fue de unos más que razonables 2.600 yenes. En la despedida entramos en un bucle de reverencias, nosotros agradecidos por su comida y trato y ella … porque es de Japón!

Tras llenar el buche nos disponemos a visitar la zona. El primer templo que vimos fue Godai-do. Oh! Aquí no tuvimos suerte y estaba cerrado, volveremos en el 2039 (este templo sólo lo abren una vez cada 33 años, y la última vez fue en 2006)


Ahora nos dirigimos un poco más adelante a visitar una de las imágenes de Japón: el rojo puente de 252 metros de longitud que conecta con la isla de Fukuurajima.


Estamos salvados!! En caso de terremoto o tsunami hay claras instrucciones en el suelo de hacia donde debemos huir.


Lo siguiente que visitamos fue Zuiganji, el más famoso templo Zen de la zona. El entorno es precioso, con algunas decenas de figuras y cuevas esculpidas en la roca durante todo el camino que conducía al edificio principal, y como siempre, rodeado de vegetación exuberante. C


ogemos el tren de vuelta al hotel y damos por finalizado el día. Mañana a las 8:21 cogemos el tren para Nikko.