Llegamos a Takayama. Esto cada vez se aleja más de la civilización. La estación es la típica parada con un tejadillo y una pequeña sala de espera. Sin embargo, justo delante de la estación hay un chiringuito hecho de madera que es la oficina de turismo, y es el único lugar hasta el momento donde hemos encontrado algo en castellano.

Nos encaminamos hacia nuestro alojamiento, el J-Hoppers. Un lugar para mochileros con habitaciones compartidas (aunque nosotros hemos pedido una para dos personas). La entrada está abarrotada y empieza a darnos mala espina. Sin embargo, el trato recibido es genial, además de tener un perfecto inglés. La segunda y más grata sorpresa es al entrar en nuestra habitación: es bonita, de estilo japonés y muy amplia. Eso sí, estás en un albergue, por lo que en recepción te dan las sábanas y empieza la difícil tarea de hacer una cama sin patas. Cómo lo haces sin ponerte encima de la propia cama? Por los 6000 yenes que hemos pagado, puede decirse sin duda que es una gran inversión.

Ya instalados, empezamos la ruta. Lo primero que vimos fue el templo Kokubunji-dori. Tiene un aspecto más antiguo y en el exterior le rodea un cementerio. De aquí una de las imágenes curiosas de Japón: las tumbas tienen ‘ofrendas’ de sus familiares, que algo deberán significar, no? Pues bien, a ver quién hace la interpretación correcta de esta foto:

De ahí nos dirigimos al barrio de las casas antiguas (Old Private Houses). En una línea similar al de las Geishas y al de los Samurais en Takayama, con la diferencia que aquí las casas son todas pequeños comercios donde se ofrecen comestibles, souvenirs y el típico sake local. Al contrario que en otros logares, esta calle sí estaba colapsada de turismo.

Seguimos caminando bordeando el río hasta llegar al santuario Sakurayama Hachimangu. Como ya es enésimo templo, nos conformamos con una visita fugaz al exterior. Destacar la fuente donde se lavan manos y boca para purificarse, con la escultura de un dragón saliendo del agua, y las pinturas que pueden verse en el techo de una de las salas.

Ahora el objetivo es encontrar un sitio agradable para cenar. Finalmente seleccionamos un restaurante donde se sirve la afamada carne de Hida. Al entrar vemos que es un restaurante de esos con las mesas a ras de suelo… Las rodillas ya nos empiezan a temblar! Pero nos fijamos y vemos que el problema está resuelto: debajo de las mesas hay unos fosos para sentarse “a lo occidental”. De nuevo me toca pagar para hacerme yo la comida; en la mesa ponen un fogón encima del cual colocan una rejilla, papel de aluminio, una hoja de árbol seca y encima los ingredientes: carne, setas delgadísimas, alguna cosa más irreconocible y una salsa a base de tomate. Estaba exquisito. Ana prefirió una ensalada de frutos del mar, que también le pareció muy buena.

A la mañana siguiente madrugamos para ver el afamado mercado matutino del lugar (Miyagawa). Ah! Se nos olvidaba. Esa noche tuvimos sorpresa!! Para que el tour fuese auténtico, os imagináis qué es lo que pasó? Que nos despertó el movimiento de la cama. No se trataba de un vecino en pleno ritual de apareamiento, sino de un terremoto. Como entenderéis, si estamos escribiendo esto es que no nos pasó nada. Yo le calculo un 3 en la escala del Richal ese. Últimas noticias (esto lo escribimos en el tren): pues acabamos de oír que debido al terremoto algunos de los trenes bala han sido cancelados. Esperamos tener suerte con el nuestro.
Pues como decíamos, fuimos al mercadillo, y nos encontramos un mercadillo. Para mí que la Lonely la hace alguien que le encantan los mercadillos!! Los vistos hasta ahora estaban muy bien, pero éste… Bueno, aprovechamos para comer unos dulces que nos ofreció un simpático señor hechos de almendra y miel. Cuando ya nos alejábamos me di cuenta de que el señor nos había estado hablando en inglés, al oír una especie de ‘tinkiu’. Éste habla peor que yo!
Para acabar con Takayama hacemos una ruta caminando que proponen en el mapa de la ciudad y que recorre varios templos. No estuvo mal, y como siempre, algo nuevo ves que te sorprende de esta cultura.
Dicho esto sobre la ciudad, para mí lo más bonito quizás haya sido las vistas que hemos podido disfrutar en el trayecto. El tren nos transporta entre las montañas acompañando al río, con algunos pueblecitos de casas bien conservadas, huertos, plantaciones de arroz, pequeñas cascadas, etc…
Ahora estamos en el tren que nos lleva a Nagoya y de allí, si el terremoto no nos la ha jugado, llegaremos a Kyoto.
Hasta la próxima!
Nos encaminamos hacia nuestro alojamiento, el J-Hoppers. Un lugar para mochileros con habitaciones compartidas (aunque nosotros hemos pedido una para dos personas). La entrada está abarrotada y empieza a darnos mala espina. Sin embargo, el trato recibido es genial, además de tener un perfecto inglés. La segunda y más grata sorpresa es al entrar en nuestra habitación: es bonita, de estilo japonés y muy amplia. Eso sí, estás en un albergue, por lo que en recepción te dan las sábanas y empieza la difícil tarea de hacer una cama sin patas. Cómo lo haces sin ponerte encima de la propia cama? Por los 6000 yenes que hemos pagado, puede decirse sin duda que es una gran inversión.
Ya instalados, empezamos la ruta. Lo primero que vimos fue el templo Kokubunji-dori. Tiene un aspecto más antiguo y en el exterior le rodea un cementerio. De aquí una de las imágenes curiosas de Japón: las tumbas tienen ‘ofrendas’ de sus familiares, que algo deberán significar, no? Pues bien, a ver quién hace la interpretación correcta de esta foto:
De ahí nos dirigimos al barrio de las casas antiguas (Old Private Houses). En una línea similar al de las Geishas y al de los Samurais en Takayama, con la diferencia que aquí las casas son todas pequeños comercios donde se ofrecen comestibles, souvenirs y el típico sake local. Al contrario que en otros logares, esta calle sí estaba colapsada de turismo.
Seguimos caminando bordeando el río hasta llegar al santuario Sakurayama Hachimangu. Como ya es enésimo templo, nos conformamos con una visita fugaz al exterior. Destacar la fuente donde se lavan manos y boca para purificarse, con la escultura de un dragón saliendo del agua, y las pinturas que pueden verse en el techo de una de las salas.
Ahora el objetivo es encontrar un sitio agradable para cenar. Finalmente seleccionamos un restaurante donde se sirve la afamada carne de Hida. Al entrar vemos que es un restaurante de esos con las mesas a ras de suelo… Las rodillas ya nos empiezan a temblar! Pero nos fijamos y vemos que el problema está resuelto: debajo de las mesas hay unos fosos para sentarse “a lo occidental”. De nuevo me toca pagar para hacerme yo la comida; en la mesa ponen un fogón encima del cual colocan una rejilla, papel de aluminio, una hoja de árbol seca y encima los ingredientes: carne, setas delgadísimas, alguna cosa más irreconocible y una salsa a base de tomate. Estaba exquisito. Ana prefirió una ensalada de frutos del mar, que también le pareció muy buena.
A la mañana siguiente madrugamos para ver el afamado mercado matutino del lugar (Miyagawa). Ah! Se nos olvidaba. Esa noche tuvimos sorpresa!! Para que el tour fuese auténtico, os imagináis qué es lo que pasó? Que nos despertó el movimiento de la cama. No se trataba de un vecino en pleno ritual de apareamiento, sino de un terremoto. Como entenderéis, si estamos escribiendo esto es que no nos pasó nada. Yo le calculo un 3 en la escala del Richal ese. Últimas noticias (esto lo escribimos en el tren): pues acabamos de oír que debido al terremoto algunos de los trenes bala han sido cancelados. Esperamos tener suerte con el nuestro.
Pues como decíamos, fuimos al mercadillo, y nos encontramos un mercadillo. Para mí que la Lonely la hace alguien que le encantan los mercadillos!! Los vistos hasta ahora estaban muy bien, pero éste… Bueno, aprovechamos para comer unos dulces que nos ofreció un simpático señor hechos de almendra y miel. Cuando ya nos alejábamos me di cuenta de que el señor nos había estado hablando en inglés, al oír una especie de ‘tinkiu’. Éste habla peor que yo!
Para acabar con Takayama hacemos una ruta caminando que proponen en el mapa de la ciudad y que recorre varios templos. No estuvo mal, y como siempre, algo nuevo ves que te sorprende de esta cultura.
Dicho esto sobre la ciudad, para mí lo más bonito quizás haya sido las vistas que hemos podido disfrutar en el trayecto. El tren nos transporta entre las montañas acompañando al río, con algunos pueblecitos de casas bien conservadas, huertos, plantaciones de arroz, pequeñas cascadas, etc…
Ahora estamos en el tren que nos lleva a Nagoya y de allí, si el terremoto no nos la ha jugado, llegaremos a Kyoto.
Hasta la próxima!
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