Llegamos a Nikko, población situada a las puertas de un parque nacional de Chichibu-Tama. En el tren ya comprobamos que aquí el número de turistas será importante. Tras bajar de la estación empezamos a seguir la ruta marcada por el GPS y nos adentra en medio de la selva. Sí, sí, la selva! Cuando empezamos a tener dudas de si el camino es el correcto vemos un cartel del ryokan.

Desde luego que el último tramo se convirtió en un test de resistencia para las maletas: una pista forestal llena de charcos. Desde luego que la ubicación es genial: vegetación, un río de aguas cristalinas y, al final de unas escaleras entre medio de los árboles, el Logette Sanbois.
Es un alojamiento regentado por un matrimonio de unos 60 años, amables como siempre, y con el inglés más ‘entendible’ que hemos encontrado (igual de malo que el nuestro, pero hablábamos el mismo dialecto).

Dejamos las maletas y nos dirigimos a la zona de templos. Aquí es recomendable comprar una entrada combinada de 1000 Yenes que te permite visitarlo casi todo. Éstos son los templos que esperábamos ver en Japón! Realmente impresionantes. El primero de los templos es el Rinno-Ji. Aquí nos encontramos con tres imágenes impresionantes de 8 metros de altura lacadas en oro: la Diosa de los 1000 brazos, la Diosa de la Piedad y la Compasión y la Diosa del Reino Animal. Otro templo es el Tosho-Gu, con una pagoda de 5 pisos y la famosa imagen de los 3 monos: el que no ve, el que no habla y el que no escucha.


El tercero se llama Futarasan-Jinja, similar al templo de Tosho-Gu pero a escala reducida. El cuarto y último se llama Taiyuin-Byo, que está en medio de un bosquecito de cedros japoneses. El gran inconveniente es que fue un día lluvioso lo que desluce un poco las vistas. Ah! IMPRESCINDIBLE ir con calcetines, ya que hay que descalzarse para entrar en algunos de los templos.


Por desgracia, no se permitía el uso de cámaras en su interior, así que ya tenéis otra excusa más para venir a Japón.


La nota graciosa de la jornada: igual que a nosotros nos hacen gracias 'sus cosas', a ellos las nuestras también. Esta madre le pidió a Ana si podía hacerse una foto con su hija. Pensaría que se trataba de un personaje manga, con esos ojos redondos... ;-)

De vuelta al ryokan la propietaria nos propuso utilizar el baño, ya que aún no habían llegado el resto de huéspedes. Nos pusimos el Yukata y al entrar… que bonito!! Todo de piedra y madera y lo más impresionante, la pared exterior era de cristal, por lo que se veía toda la vegetación que llegaba hasta allí mismo. A nuestro gusto, quizás no era tan bonito como el onsen de Sapporo, pero con más encanto. Un gran premio para todo un día caminando bajo la lluvia.

Ya relajados decidimos cenar allí. El precio por persona era de 2800 Yenes, pero la comida estuvo genial: de primero carnes y verduras crudas que debían cocinarse en unas brasas que cada mesa tenía encima de la mesa. Después Yuba, una especie de tofu pero servido como en láminas enrolladas (igual que el tofu, no sabe a nada). De echo unos días después nos enteramos que es la piel del tofu.vDespués vino la Iwana. No os asustéis, no es lagarto, es trucha cocinada con su propia piel. El reto fue comérsela con palillos (la señora nos enseñó), el premio su sabor: exquisito! Para acabar una sopita de esas japonesas con cosas flotando. Además los platos estuvieron acompañados de ensalada y arroz, como no. El postre era helado de vainilla con judías y pimienta blanca. Los japoneses hacen muchos dulces con unas judías rojas, y aunque suene extraño, están buenísimos.

Al día siguiente queríamos coger un taxi para la estación, que aunque cerca, con las maletas era pesado. No hizo falta, el propietario nos llevó a la estación en su coche.
Desde luego que el último tramo se convirtió en un test de resistencia para las maletas: una pista forestal llena de charcos. Desde luego que la ubicación es genial: vegetación, un río de aguas cristalinas y, al final de unas escaleras entre medio de los árboles, el Logette Sanbois.
Es un alojamiento regentado por un matrimonio de unos 60 años, amables como siempre, y con el inglés más ‘entendible’ que hemos encontrado (igual de malo que el nuestro, pero hablábamos el mismo dialecto).
Dejamos las maletas y nos dirigimos a la zona de templos. Aquí es recomendable comprar una entrada combinada de 1000 Yenes que te permite visitarlo casi todo. Éstos son los templos que esperábamos ver en Japón! Realmente impresionantes. El primero de los templos es el Rinno-Ji. Aquí nos encontramos con tres imágenes impresionantes de 8 metros de altura lacadas en oro: la Diosa de los 1000 brazos, la Diosa de la Piedad y la Compasión y la Diosa del Reino Animal. Otro templo es el Tosho-Gu, con una pagoda de 5 pisos y la famosa imagen de los 3 monos: el que no ve, el que no habla y el que no escucha.
El tercero se llama Futarasan-Jinja, similar al templo de Tosho-Gu pero a escala reducida. El cuarto y último se llama Taiyuin-Byo, que está en medio de un bosquecito de cedros japoneses. El gran inconveniente es que fue un día lluvioso lo que desluce un poco las vistas. Ah! IMPRESCINDIBLE ir con calcetines, ya que hay que descalzarse para entrar en algunos de los templos.
Por desgracia, no se permitía el uso de cámaras en su interior, así que ya tenéis otra excusa más para venir a Japón.
La nota graciosa de la jornada: igual que a nosotros nos hacen gracias 'sus cosas', a ellos las nuestras también. Esta madre le pidió a Ana si podía hacerse una foto con su hija. Pensaría que se trataba de un personaje manga, con esos ojos redondos... ;-)
De vuelta al ryokan la propietaria nos propuso utilizar el baño, ya que aún no habían llegado el resto de huéspedes. Nos pusimos el Yukata y al entrar… que bonito!! Todo de piedra y madera y lo más impresionante, la pared exterior era de cristal, por lo que se veía toda la vegetación que llegaba hasta allí mismo. A nuestro gusto, quizás no era tan bonito como el onsen de Sapporo, pero con más encanto. Un gran premio para todo un día caminando bajo la lluvia.
Ya relajados decidimos cenar allí. El precio por persona era de 2800 Yenes, pero la comida estuvo genial: de primero carnes y verduras crudas que debían cocinarse en unas brasas que cada mesa tenía encima de la mesa. Después Yuba, una especie de tofu pero servido como en láminas enrolladas (igual que el tofu, no sabe a nada). De echo unos días después nos enteramos que es la piel del tofu.vDespués vino la Iwana. No os asustéis, no es lagarto, es trucha cocinada con su propia piel. El reto fue comérsela con palillos (la señora nos enseñó), el premio su sabor: exquisito! Para acabar una sopita de esas japonesas con cosas flotando. Además los platos estuvieron acompañados de ensalada y arroz, como no. El postre era helado de vainilla con judías y pimienta blanca. Los japoneses hacen muchos dulces con unas judías rojas, y aunque suene extraño, están buenísimos.
Al día siguiente queríamos coger un taxi para la estación, que aunque cerca, con las maletas era pesado. No hizo falta, el propietario nos llevó a la estación en su coche.
Eh tioo!!!! L'home del Ryokan és el "Señor Miyagi" de KARATE KID!!!!
ResponderEliminarsiiiii! jo també ho vaig pensar... jajajajaja
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